Primero que nada, quiero disculparme con los asiduos
lectores, por este lapso tan largo de tiempo sin publicar. Otros menesteres han
ocupado mi tiempo, pero ya estoy retomando el compromiso con todos ustedes.
Mil disculpas.
Antes de empezar, quisiera invitarlos al XVI Encuentro Internacional de Seguros, a celebrarse en Caracas, Venezuela, el próximo 14 de Octubre, para inscripciones y mayor información por favor visiten www.camaraseg.org
Hace poco leí una publicación en LinkedIn
donde de alguna forma, se cuestionaba el mercado de masivos en seguros,
particularmente en Suramérica. Creo que en el caso de Venezuela, la realidad
nos está llevando a generar nuevas ideas. Siempre dicen que las dificultades y
coyunturas son cultivo de oportunidades y genialidades.
Hasta el 2010, Venezuela tenía un
emergente y próspero mercado de masivos, particularmente en el canal de Banca-Seguros,
debido a implementación de estos modelos con bancos influenciados desde sus
casas matrices en el exterior, donde estos modelos son comunes. Ese fatídico año,
el gobierno promulgo la vigente Ley del mercado asegurador, donde específicamente
se prohíbe la actividad por el canal de Banca-Seguros, provocando una contracción
importante de este segmento en cuando a comercialización de pólizas individuales
se refiere.
Aun así, algunas empresas de
seguros, pusieron rápidamente sus ejecutivos a trabajar en modelos de distribución
alternativos, que pudieran generar rápidamente primas que compensaran el
prohibido modelos de Banca-Seguros. El desafío era grande y las oportunidades
en ese momento se perfilaban escasas, esto debido a que el modelo tradicional
de comercialización, estaba pasando por un momento esplendido si consideramos
que la venta de vehículos 0 Kms estaba en el mejor de sus años y los dealers,
asociados con aseguradoras, bancos y brokers, casi obligaban a los compradores
de vehículos a adquirir las pólizas con ellos, so pena de que la entrega de su
nuevo vehículo fuera un poco más larga.
De alguna manera, se especula que
esto fue lo que provoco que el gobierno prohibiera el modelos de Banca-Seguros,
pues algunos intermediarios independientes protestaron ante el ente regulador,
pues no podían acceder a una tajada de ese prospero modelo de comercialización.
Surgen entonces para estos
ejecutivos de las aseguradoras, los cuestionamientos de rigor de cara a la búsqueda
del santo grial, lo primero fue entender que masificar el seguro significaba
prescindir del pensamiento arcaico del modelo tradicional; lo segundo, entender
que todo el tema de colocar las pólizas en los segmentos seleccionados,
significaba un trabajo de distribución básico; y tercero, que los segmentos a
los que estaban orientando sus esfuerzos, no estaban en su totalidad
bancarizados.
Para además complicar más todo este
tema, el ente regulador se ha convertido en algo un poco más que complicado en
la aprobación de nuevos productos o de actualizaciones de productos vigentes,
con lo que cualquier intento de colocar una nueva versión de alguna póliza, significa
un larga espera y quizás, durante ese tiempo de espera, estos productos serian anacrónicos.
En resumen, El ente regulador, la
distribución, la recaudación, las necesidades del segmento, son las aristas
de esta figura geométrica, de base cuadrada y que se unen en la proyección de los ángulos, la pirámide del masivo.
Ahora bien, volviendo al génesis de
este artículo, ¿Debe evolucionar el mercado Venezolano? Pues obviamente la
respuesta es simple, ¡Claro que sí!
Ya lo hemos conversado en artículos
anteriores, donde dibujamos un poco lo que hoy ocurre en el mercado, una contracción
del segmento corporativo, una inflación galopante, reducción del poder
adquisitivo, mayor dinero en el bolsillo del Venezolano debido a la increíble escasez de productos de la cesta básica, reducción de las importaciones de artículos varios
de consumo masivo y materias primas.
Con este escenario, lo que se
viene encima es un proceso de fusiones de Corredores de Seguros y Sociedades de
Corretaje, por decirlo de una manera sutil, a fin de reducir costos, aumentar
el volumen de sus carteras, mejorar los procesos de emisión para simplificarlos
y finalmente, garantizar la utilidad de sus accionistas. Todo para poder
permanecer firmes mientras dure el huracán que tirara por tierra al débil. Pero
no tendrá mucho sentido esto, si no se enfocan en entender cuáles son sus
oportunidades de desarrollo y crecimiento mientras se hace más difícil mantenerse
firme. Con la contracción del segmento corporativo, lo que posiblemente
aumentara será la huida de talento en el país, un incremento de nuevo
emprendimientos y PYMES. Pero lo que no cambiaría mucho, sería el segmento
individual.
La anterior es una de las evoluciones esperadas, la otra,
las aseguradoras, quienes deben entender, que sus productos, no necesariamente
son lo que el cliente quiere o necesita. Las aseguradoras deben cambiar su
manera de pensar, su manera de ver el mercado y al cliente, pues este cliente tiene
necesidades y estas necesidades cambian según el segmento socioeconómico que se
esté mirando, por lo tanto, no podemos pretender que el mismo zapato le calce a
todos por igual.
De lo que no hay duda, es que el
mercado de seguros en Venezuela, tiene todo para dar ese paso que inicie con el
proceso evolutivo, aunque también estoy convencido que algunos actores ya lo
han entendido y han iniciado esta evolución.
No esperemos que el ente regulador
cambie las reglas del negocio para dar inicio a los planes de cambio, quizás nunca
lo haga y seguiremos perdiendo el tiempo. Promocionar e impulsar la cultura de
seguros en el país, no es un principio de los modelos estatales paternalistas.
Si quieres que las cosas cambien,
comienza por cambiar tu mismo




